(una historia de evolución del lenguaje con un final inimaginable)
- El mundo se acaba en el 2000.
- ¡Perro!
- Fue un error de cálculo, se acaba en 2001.
- ¡Perro!
- Tampoco fue en 2001, pero ahora sí porque llegó la gripe porcina.
- ¡Perro!
Crecí oyendo la palabra perro como expresión de sorpresa (crecí en Caracas, Venezuela, por si alguien requiere la aclaratoria). Seguí oyéndola y usándola por años como lo más normal del mundo; hasta que un día, chateando por Messenger, una chica me escribió: ¡birro!
- ¿Birro?, ¿qué es eso? (contesté).
- “birro”, de sorpresa, impacto… ¿nunca la has escuchado?
Y allí supuse que birro era mi querido perro de la infancia. Después de ese incidente, comencé a notar que algunas personas decían algo parecido a perro, pero que sonaba más a berro. Y cuando les preguntaba, contestaban: “’berro’, exacto, eso es lo que digo, ‘berro’. ¿Por qué preguntas? Todo el mundo dice ‘berro’, ¿no?”.
Pues no, no todo el mundo dice berro; sino que hay tres versiones de la misma expresión: perro, berro y birro.
Mi hipótesis era que la palabra había mutado a lo largo del tiempo. A raíz de esto, en la Escuela de Medios hicimos un pequeño estudio para someterla a prueba.
Hicimos dos preguntas:
- Cuando quieres expresar sorpresa o impacto, ¿cuál de estas tres palabras usas?
- ¿Qué edad tienes? (menos de 18 / 19 a 25 / 26 a 30 / 31 a 30 / más de 40).
Procesados los datos, aquí tienes los resultados que, además, me parecen geniales para entender que un idioma es un ser vivo en constante evolución. Los números de la izquierda (eje X) son porcentaje de uso de la palabra y abajo (eje Y) están los rangos de edades. Échale un ojo a ver a qué conclusión llegas y luego comento.
Y ahora comento:
- La primera conclusión es que birro es una rareza; sólo dos personas dijeron usarla. Además, esas dos personas tienen edades bastante separadas así que tampoco tiene conexión con ese punto. ¡Oh!, ¿estaba errada mi hipótesis de la mutación en el tiempo?
- Vuelve a mirar el cuadro y, si no lo habías notado, nota ahora cómo el porcentaje de personas que usan perro y berro se invierte según baja la edad de la gente. ¡Ah! La hipótesis era cierta.
En nuestro estudio, nadie de más de 40 dice berro. De las personas entre 31 y 40 años, 70% usa perro y 30% berro; y cuando llegas a la gente entre 15 y 18 años, el resultado se invierte: 20% usa perro y 80% berro. Impresionante y genial.
En un idioma (en todos), las palabras nacen, evolucionan, envejecen y, a veces, mueren. Lo que manda es el uso generalizado. Hay quienes creen que la Real Academia pone las reglas y, en realidad, es al revés. El trabajo de La Real Academia es darle el mayor orden posible a la inevitable evolución.
En el El Quijote, Alonso Quijano (Don Quijote) dice “nosotros trujimos”; y no es un error, así se decía en 1604. Hoy se dice trajimos y quién sabe cómo se dirá dentro de 400 años o siquiera si la palabra exista. ¿Qué palabra dicen tus abuelos que a ti te suena a baúl con telarañas? (No te preocupes, pasará lo mismo con tus nietos).
Por supuesto, el uso de perro/berro/birro para expresar sorpresa es totalmente local. En los diccionarios perro y berro son lo que son: un animal y una planta; y birro ni siquiera aparece.
Pero espera, que esto no termina aquí. Para completar la investigación, escribimos birro en el buscador de imágenes de Google y tres cosas se repitieron con frecuencia:
- Marcus Birro y Peter Birro, dos hermanos escritores suecos.
- Un pájaro conocido como Birro Chico.
- Esta es la mejor de todas y, más que contarte, prefiero dejarte verla y con esto se cierra el círculo de la historia de Birro, el perro vegetariano al que le encanta la ensalada de berros (como a mí).
Haz clic aquí para ver el tercer resultado más frecuente cuando pones birro en Google.
José Erre.

